dilluns, 7 de desembre de 2009

Aung San Suu Kyi

¿En qué piensas. Aung San Suu Kyi? ¿Cómo es tu día a día? ¿Sobre qué lees? ¿Sobre qué escribes? ¿Acaso escribes la historia de estos últimos 20 años de encierro domiciliario? Tantas cosas te han ocurrido sin estar tú presente… Primero ganaste las elecciones. Una victoria aplastante que te negaron. Luego enfermó y murió tu marido sin poder hablar con él. Tus dos niños ahora son adultos y apenas te conocen. Recibiste el premio Nóbel de la Paz, aunque no pudiste ir a recogerlo. Hace poco, para tu 65 cumpleaños cientos de miles de personas para ti desconocidos te escribieron palabras de ánimo y de admiración que tú no has podido leer. Cuando miras a través de tu ventana, más allá de los soldados que custodian tu casa, ¿Qué ves? Acaso ves la memoria de tu padre, el general Aung San, que regaló la democracia a tu querido país, Birmania. Tu queridísimo padre que murió, al igual que tu marido, lejos de ti. Acaso piensas en tu adorado pueblo, que te ama y al cual tú amas incondicionalmente. Acaso piensas en tu hijo mayor, hablando en tu nombre en la ceremonia del Nóbel. … La vida ha sido muy cruel contigo, Aung Sab Suu Kyi, Y sin embargo, cada vez que te han permitido hablar lo has hecho sin miedo, hablando de cultura y de resistencia pacífica, de libertad y de paz, de la importancia del individuo por encima del gobierno. Resiste, Aung San Suu Kyi, el mundo te necesita libre.

Una mentira y muchas verdades, o no

Hoy quiero inventar
Una mentira y muchas verdades,

Hoy el sol brilla
Para todos los que pasan frío
Para todos los que se sienten solos

Hoy la luna es más grande que nunca
Para inspirar a los poetas de medio mundo
Para alumbrar a los que buscan
Su camino en la oscuridad

Hoy la hierba es más cómoda
El aire más puro
Los árboles dan cobijo
A los que buscan la paz
En medio de la Naturaleza

Hoy los coches callan
Los pájaros cantan alegres
La gente pasea feliz

Hoy el aire huele a flores
Las mariposas bailan en el cielo
Las nubes son de algodón de azúcar

Hoy quería inventar
Una mentira y muchas verdades
Pero no sé por qué
Hoy me sale todo al revés

dimarts, 1 de desembre de 2009

CAPERUCITA ROJA Y EL LOBO FEROZ

Érase una vez una niña a la que todos llamaban Caperucita Roja, porque siempre llevaba una caperuza de este color. Un día, su madre le dijo:
" Caperucita, tienes que ir a casa de la abuelita que está enferma, y llévale esta cesta de comida. Pero, sobre todo, no te pares en el bosque a hablar con nadie.
- Vale - contestó la niña, obediente"
Cogió la cesta y se fue cantando y brincado hacia la casa de su abuelita.
Pero en medio del bosque se encontró con el Lobo Feroz, quien le dijo:
" Hola, caperucita. ¿Se puede saber donde vas cantando y brincando?
- A casa de mi abuelita, a llevarle esta cesta - contestó la niña, confiada.
- Ya sé donde es, y conozco un atajo. Tienes que ir por este camino y llegarás antes - le informó el Lobo.
- Ah - repuso la niña, desconfiada. - Espera un poco. - Cogió el móvil de su bolsillo y marcó un número. - Mamá, que estoy en el bosque, sí, y un señor me ha dicho que llegaré antes por el camino del norte que por el camino del este... Vale, un beso, mamá, gracias. - Colgó y mientras se giraba hacia el Lobo se volvió a meter el teléfono en el bolsillo. - Que dice mi mamá que no, que aunque es más corto, hay que cruzar el río y se tarda más... pero gracias por la información."
El lobo se sentó sobre una piedra, refunfuñando.
" Pues vaya, ¡ y con el hambre que tengo! ¿Por qué le has dicho a tu mamá que soy un señor, si sabes que soy el Lobo Feroz. Yo había oído que nunca decías mentiras - farfulló el Lobo.
- Y es verdad, tú no eres un lobo, eres un señor - repuso la niña.
- ¡Cómo que un señor! ¿Y mis orejas? ¿Y mis ojos? ¿Y mis dientes?¿Son de humano o de lobo? - preguntó el Lobo, indignado.
- Vale, tienes orejas grandes, pero eso no es malo, seguro que oyes mejor que nadie. Y con esos ojazos seguro que ves más lejos que nadie. Y con esos dientes, seguro que puedes masticar mejor que nadie. Pero yo no soy tonta. Los lobos van sobre cuatro patas, y tú no. Además, ellos sólo aullan. Tú puedes hablar, y razonar, eso te hace humano, y no lobo. Y si fueras feroz ya me habrías comido, que yo no soy nada para un grandullón como tú - argumentó la niña.
- Pues nunca lo había pensado. No te falta razón, los lobos no hablan, ni van sobre dos patas. Está claro que no soy un lobo. Pero eso no me soluciona nada. Llevo días sin comer, y si no como algo, me moriré - repuso el que decía llamarse lobo.
- A ver qué podemos hacer - contestó la niña, mientras volvía a marcar un número en su móvil. - Oye, abuelita, que soy yo, Caperucita... Estoy bien, gracias. Oye, ¿te importa si llevo a un amigo y merendamos los tres juntos?
Vale, pues vamos para allá - y volviéndose hacia el que se hacía llamar Lobo Feroz, le propuso - Qué, ¿te vienes a casa de la abuelita a merendar? Mira. llevo una tarta de castañas y el último juego para la wii de la abuelita.
- Mmmm, huele muy bien - contestó éste, alegre por primera vez en su vida. - Vale, acepto, es la primera vez que alguien me llama amigo."
Y los dos se fueron cantando y brincando hacia la casa. Los tres pasaron una tarde muy agradable, y acordaron que el Lobo se quedaría a cuidar de la abuelita y ésta le daría comida y un techo bajo el que dormir. Y así vivieron todos felices muchos muchos años. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

EL LEVITANTE

Primer contacto
El levitante, de pocos días de edad, está desnudo, con sus pañales, atado con una cuerda al pomo de la puerta del convento, un metro por encima de éste. Una monja lo baja a primera hora. Él se aferra a su pecho, sonriente.

Primera comunión
El levitante va vestido de aviador, con unas gruesas botas con suela de plomo. Recibe la correspondiente oblea. Al probar el vino, no le gusta y lo convierte en calimocho. Cuando nadie le ve, levanta con la mente las falditas de las niñas arrodilladas en la fila de delante.

Ordenación
El levitante está tumbado en cruz a 3 metros por encima del suelo. Desde allí arriba, contempla los escotes de las familiares de las novicias. Clarita sigue su mirada con pómulos enrojecidos.

Llegada
El levitante llega en jeep al poblado Watusi. Le acompaña la hermana Clara. El pueblo los recibe con recelo. Él contempla satisfecho las escasas vestiduras de las indígenas.

Triunfo de la fé
En pocas semanas, el poblado ha pasado a ser un oasis de vegetación en medio de la sabana. Cae un coco maduro y mata al jefe de la tribu que pasaba por allí.

El nuevo jefe.
El levitante es el nuevo jefe de la tribu. Como tal, aparte de difundir la palabra de Dios, difunde su semilla cada noche a una parroquiana diferente. Sor Clara deja el poblado con el jeep.

Primer contacto con el obispo.
El obispo realiza la visita de cortesía agasajado por el levitante, un metro por encima de él. La felicidad y riqueza de los numerosos feligreses no deja de asombrar al obispo, así como el clima, ni frío ni calor, ni húmedo ni seco. Cuando el obispo y el levitante se quedan a solas, éste levanta la falda de su superior y lo viola. En su huida de la choza del levitante, al obispo le cae un coco en la cabeza y lo mata.

El nuevo obispo
Todos, y sobre todo todas en el poblado despiden al levitante que se marcha volando tan sólo con una maleta. En la maleta, un traje de obispo. En el poblado, multitud de bebés mulatos.

Primer contacto con el Papa.
El Papa recibe al nuevo obispo del que tanto le han hablado. Éste, al ver al papa gordo y rollizo, y con falda, lo viola. Mientras el papa huye de la sala de audiencias del Vaticano, misteriosamente le cae un coco en la cabeza y lo mata.

El nuevo Papa
Los obispos en cónclave, aterrados por la fama del levitante, lo eligen Papa en primera votación, mientras éste se divierte pintando grandes miembros a las figuras del techo de la Capilla Sixtina.

Ascensión
Al tercer día de ser Papa, el levitante, aburrido de su nueva vida, asciende al cielo.

Final
Al ver que el levitante no vuelve, los obispos, aliviados, lo proclaman el nuevo Hijo de Dios. La Iglesia gana millones de fieles y de dólares. Los obispos, felices, dan gracias al Señor y a su nuevo Hijo, el Levitante, quien de incógnito vuelve a su poblado Watusi, donde se instala para el resto de su vida.

Personaje en busca de un autor de cuentos

A la atención de los señores alumnos del curso "Còm s'escriu un comte" de la Casa Elizalde

La presente carta es para comunicarles que me encuentro a su disposición para cualquier tipo de cuento o historia que ustedes consideren oportuno.

Adjunto curriculum vitae

Agradecido les saluda atentamente,

Pete Pirripit.

CURRICULUM VITAE

Nombre:
Pete Pirripit Porrompomplom
Dirección:
En un árbol que llega hasta el cielo, en un oasis en el centro del desierto del Sahara.
Edad y fecha de nacimiento y sexo:
Indefinido, viviré siempre que alguien pronuncie mi nombre.

Cualidades para el puesto:
Puedo adoptar cualquier forma de cualquier personaje de cuento, ya sea humano, animal, vegetal o cosa, con o sin diálogos.
Puedo respirar mediante un asombroso artilugio que permite que mi aliento haga crecer vegetación donde nunca la ha habido.

Defectos:
No puedo dejar de llorar, aunque puedo disimularlo.

Experiencia profesional:
He sido el enano llorón de Blancanieves, el león de Narnia, el dragón de la Historia Interminable, además de haber realizado miles de pequeños papeles en cuentos interpretados, leídos y narrados.
Últimamente he trabajado para autores rusos, pero me aburro mucho, sólo me quieren por mis lágrimas.

Titulación:
Poseo el Título de Galán Pendenciero, y Másters de Bruja Malvada, de Doncella Desvalida y de Secundario Cómico.

Disponibilidad:
Absoluta, dentro y fuera del tiempo.

Otros datos de interés:
Si no consiguen colocarme en algún cuento para que los niños sigan pensando en mí, algún día desapareceré. 

La Señora María

" Vamos a ver, Sra. María, - comencé mientras ojeaba su historial médico que ya me sabía de memoria - la semana pasada acabamos... cuando era usted joven e iba a los bailes de Viena, ¿se acuerda usted?
- Sí, los bailes de Viena... - contestó la Sra. María - claro que me acuerdo. Nuestro cochero se pasaba el día preparando el coche y los caballos. Mi madre nos llevaba a mi hermano mayor y a mí a comprarnos ropa para estrenar esa noche, ¿sabe usted? Si nos hubiera visto... ¡Qué vestidos! ¡Qué joyas! - la mirada de la Sra. María brillaba con intensidad.
- ¿Y cuando fue aquello? - pregunté.
- Yo tendría... unos 16 años, y mi hermano Wolfie 18. Pues como le decía, el cochero nos recogía a las 7 en la puerta principal, a mis padres, a mi hermano y a mí, y nos llevaba al Palacio de Invierno. Allí nos recibía el paje, nos conducía a la entrada y anunciaba nuestra llegada. "¡El General Müller, su esposa y sus hijos!" decía bien alto desde la entrada del salón de baile. Mis padres se iban por un lado y mi hermano y yo por el nuestro, junto al resto de jóvenes de la ciudad ¿sabe usted? En un momento llenábamos nuestros respectivos carnets de baile. ¡Ah, si hubiera visto lo guapa que era entonces! Y Wolfie era la imagen misma de la elegancia.
- Hábleme más de su hermano.
- Nos queríamos mucho ¿sabe? Todos decían que en poco tiempo llegaría a capitán de húsares. Aunque nos veíamos poco. Él se pasaba buena parte del año en la academia de oficiales. Montaba a caballo como nadie. Lástima que tuviésemos que acabar comiéndonos los caballos, durante la guerra. - Su mirada se ensombreció. - Así, claro, nos convertimos en caballos, todos trotando por el campo. Yo era la yegua más bonita de todas...
- ¿Quienes iban por el campo? - le pregunté, mirándola fijamente a los ojos. Yo sabía que era la única oportunidad, en esta pequeña linea entre sus recuerdos y su locura. Según los escritos del Dr. Freud, era el lugar de su mente en el cual se encontraba su curación.
- Mi madre y yo, creo, - la anciana se llevó su huesuda mano a la boca, dubitativa - y más gente que ahora no recuerdo.
- ¿Y qué hacían en el campo? - insistí, acercando cada vez más mi cara a la suya.
- Yo... ¡corríamos! eso es, corríamos... Nos seguían unos grandes cuervos que lanzaban huevos de fuego. - Las lágrimas empezaban a resbalar por las grietas de su cara, contraída por el esfuerzo de recordar.
- ¿No serían aviones? ¿Aviones enemigos? - insistí mientras me levantaba por la tensión, sería ahora o nunca. - ¿No corría con su marido y sus tres hijas?
- No... yo... - de pronto cambió a un tono más agudo, más infantil - Lo siento, ya tengo el carnet de baile completo. Además, mi mamá no me deja bailar con desconocidos.
- De acuerdo, María - repuse desolado tras un largo suspiro. Me eché hacia atrás y miré cómo observaba fijamente sus gastadas zapatillas. Sus ojos ya no eran los de una anciana, ni siquiera parecían los de una persona... viva. - Ahora la señorita Elena le acompañará a su cuarto para que duerma un poco, ¿le parece bien?
- Sí, dormiré un poco - musitó mientras asentía con la cabeza"
Mientras la enfermera acompañaba a su cuarto a la Sra. María con una delicadeza infinita, aproveché para salir al patio a fumar un cigarrillo y calmarme. Estaba nevando y la noche era demasiado fría para la bata y la camisa que llevaba. No me importó. Pensé que habían otros lugares más fríos, mucho más fríos en la mente de algunas personas. Del otro lado del horizonte, en la ciudad, se veía el tenue resplandor de otras bombas de otros aviones, que caían sobre otras Señoras María.

diumenge, 23 d’agost de 2009

HAY QUE DEJAR PASAR LOS DÍAS


Hay que dejar pasar los días;

A todos y a cada uno de ellos,

Hay que dejarlos pasar.

Los tristes y los comprometidos

Los de color azafrán y

Los ásperos también.

Los de sabor chocolate y

Los ácidos como un limón

Los especiales y los

Monótonos que rellenan

De significado la expresión

Del día a día.

Hay que dejar pasar los días

Desgranarlos como a una granada

Hora a hora,

Minuto a minuto.

Hay que dejar pasar los días

Para convertirlos en semanas, meses

En años,

en pasados de tristezas y alegrías lejanas.

Hay que dejar pasar los días

Para convertirlos en anécdotas

En blanco y negro y que

La memoria los empañe de

Dulce nostalgia.

Hay que dejar pasar los días,

Todos, muchos

Para poderlos hacer prisioneros,

Para enterrarlos,

Para saber que nos habita

Un profundo olvido,

Para morirnos junto a ellos.