dimarts, 1 de desembre de 2009

CAPERUCITA ROJA Y EL LOBO FEROZ

Érase una vez una niña a la que todos llamaban Caperucita Roja, porque siempre llevaba una caperuza de este color. Un día, su madre le dijo:
" Caperucita, tienes que ir a casa de la abuelita que está enferma, y llévale esta cesta de comida. Pero, sobre todo, no te pares en el bosque a hablar con nadie.
- Vale - contestó la niña, obediente"
Cogió la cesta y se fue cantando y brincado hacia la casa de su abuelita.
Pero en medio del bosque se encontró con el Lobo Feroz, quien le dijo:
" Hola, caperucita. ¿Se puede saber donde vas cantando y brincando?
- A casa de mi abuelita, a llevarle esta cesta - contestó la niña, confiada.
- Ya sé donde es, y conozco un atajo. Tienes que ir por este camino y llegarás antes - le informó el Lobo.
- Ah - repuso la niña, desconfiada. - Espera un poco. - Cogió el móvil de su bolsillo y marcó un número. - Mamá, que estoy en el bosque, sí, y un señor me ha dicho que llegaré antes por el camino del norte que por el camino del este... Vale, un beso, mamá, gracias. - Colgó y mientras se giraba hacia el Lobo se volvió a meter el teléfono en el bolsillo. - Que dice mi mamá que no, que aunque es más corto, hay que cruzar el río y se tarda más... pero gracias por la información."
El lobo se sentó sobre una piedra, refunfuñando.
" Pues vaya, ¡ y con el hambre que tengo! ¿Por qué le has dicho a tu mamá que soy un señor, si sabes que soy el Lobo Feroz. Yo había oído que nunca decías mentiras - farfulló el Lobo.
- Y es verdad, tú no eres un lobo, eres un señor - repuso la niña.
- ¡Cómo que un señor! ¿Y mis orejas? ¿Y mis ojos? ¿Y mis dientes?¿Son de humano o de lobo? - preguntó el Lobo, indignado.
- Vale, tienes orejas grandes, pero eso no es malo, seguro que oyes mejor que nadie. Y con esos ojazos seguro que ves más lejos que nadie. Y con esos dientes, seguro que puedes masticar mejor que nadie. Pero yo no soy tonta. Los lobos van sobre cuatro patas, y tú no. Además, ellos sólo aullan. Tú puedes hablar, y razonar, eso te hace humano, y no lobo. Y si fueras feroz ya me habrías comido, que yo no soy nada para un grandullón como tú - argumentó la niña.
- Pues nunca lo había pensado. No te falta razón, los lobos no hablan, ni van sobre dos patas. Está claro que no soy un lobo. Pero eso no me soluciona nada. Llevo días sin comer, y si no como algo, me moriré - repuso el que decía llamarse lobo.
- A ver qué podemos hacer - contestó la niña, mientras volvía a marcar un número en su móvil. - Oye, abuelita, que soy yo, Caperucita... Estoy bien, gracias. Oye, ¿te importa si llevo a un amigo y merendamos los tres juntos?
Vale, pues vamos para allá - y volviéndose hacia el que se hacía llamar Lobo Feroz, le propuso - Qué, ¿te vienes a casa de la abuelita a merendar? Mira. llevo una tarta de castañas y el último juego para la wii de la abuelita.
- Mmmm, huele muy bien - contestó éste, alegre por primera vez en su vida. - Vale, acepto, es la primera vez que alguien me llama amigo."
Y los dos se fueron cantando y brincando hacia la casa. Los tres pasaron una tarde muy agradable, y acordaron que el Lobo se quedaría a cuidar de la abuelita y ésta le daría comida y un techo bajo el que dormir. Y así vivieron todos felices muchos muchos años. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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