dijous, 4 de juny de 2009

Big Boy.

"Se sentó en la orilla del mar. Hacía rato que andaba descalzo por la playa y agradeció que el agua espumosa y revoltosa le mojasen los pies. Miraba más allá del horizonte, miraba con la mirada perdida y con la cara humedecida. Sucia y humedecida.
Sucia por secarse las lágrimas con las manos, humedecida por llorar sin poder parar, sin poder contener esa angustia que le apretaba la garganta y que lograba que su voz se ahogara.
No había aguantado mucho allí, de pie, escondido tras las gafas de sol siendo observado, siendo señalado,… siendo escudado por varios de sus amigos. Nadie se le pudo acercar, ni para bien ni para mal, pues rápido alguno les cortaba el paso con cara de guerrero espartano.
Cuando notó que la lava le escocía por dentro...simplemente se fue. Caminó. Andó. Se alejó. Hasta llegar al mar... y allí se hundió.
Sentado en la orilla del mar, escondió la cara entre las manos y volvió a llorar torrentes salvajes e indomables, volvió a llorar con fuerza, con descontrol, con locura, sin firmeza, desesperado, atormentado, aterrado, tiritando, mojado, decepcionado...a solas, sin nadie, tan sólo con el aire.
Se dio la vuelta y quedó tendido con la arena arañando sus labios, entrando en la boca, con sus ojos ya arenosos...y siguió llorando...

Buscaron, corrieron, preguntaron...todos estaban asustados. Él se había ido corriendo, gritando, gesticulando y nadie había reaccionado. Ahora le buscaban sin descanso, con rostros muy afectados, con miedo en sus cuerpos porque sabían que él estaba en extremo angustiado…
Alguien gritó y rápidos se acercaron… Tendido en la orilla, empujado por las olas, sus hombros se estaban agitando de forma fuerte y brutal y un gemido tronaba en su garganta…
Ninguno se movió. Ella se tapó la cara y su compañero apretó la mandíbula tanto que sentía que la iba a romper en millones de pedazo. Los demás quietos, inmóviles, parados.
De golpe, de un salto fueron a abrazarlo, a cogerle fuerte, a llevarlo a casa para sumirlo en un sueño que necesitaba, un sueño de descanso.
La escayola del brazo estaba destrozada, pero ahora no importaba. Ella le acariciaba las mejillas, amoratadas, arañadas, agrietadas…los labios cerrados, con pequeñas heridas… hace unos días atrás todos juntos cenando y ahora…

Salieron riendo, lo habían pasado genial cenando. Besos, abrazos, miradas genuinas,… y se fueron por su lado. Ellos montaron en el coche bromeando, risueños, felices y contentos. Música romántica en la radio, una de sus canciones preferidas que decía “…big boys never cry (los grandes chicos nunca deben llorar)…”, tarareaban juntos, él le pasó las mano por el cabello…las luces, los gritos, los chirridos de los frenos en seco, golpes, sacudidas, olor a gasolina…silencio…dolor… ¡cuánto dolor sentía él por dentro…!...la música seguía sonando…

En el hospital, poco después de despertar le comunicaron que había muerto, que su compañero había muerto en el acto…se había marchado, sin sufrir, apenas sin sentir…
…dolor… ¡cuánto dolor sentía él por fuera y por dentro…!... ¡cuánto…!

Y el amor se había convertido en dolor…

Los grandes chicos nunca deben llorar y, entonces… ¿qué…?

Despertó y ellos seguían allí, allí con él, a su lado… a su lado…”.


genestel

4 comentaris:

  1. Uf. Como solemos decir Raquel y yo, vaya vomitada de sentimientos. Muy intenso y muy duro, y hermoso, en cierto modo. Me ha gustado mucho, pero espero que el texto no correspondan a tus sentimientos del momento. Sea como sea, gracias por compartirlo.

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  2. No, es totalmente salido de la imaginación...
    ¿Raquel no viene nunca por aquí...?Anímala...
    Salgo de viaje por unos días, no vemos a mi vuelta!
    Besos!

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  3. A vegades, pots inventar una história. Però
    d'una manera o d'altre tots hem perdut a algu important d'una manera o altre... No?
    M'ha agradat molt! espero poder llegir més escrits teus.

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  4. A veure si m'envies la direccio del teu blog, tinc ganes de llegir-lo. Un petó raquel

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