divendres, 5 de juny de 2009

Buscando veinte palabras

En una pequeña playa primaveral y huérfana de multitudes, observo el horizonte buscando mis veinte palabras y mis veinte mil respuestas.

Dejo que la brisa salada acaricie mi piel y la arena juegue a enterrar mis pies descalzos a cada paso que doy. Y así, me propongo a disfrutar del baile melódico de las olas en su eterno vaivén.

Podría pasar, pienso, que cada ola me obsequiara una palabra y me la dejara en la orilla, justo donde están las conchas y  los caracoles de mar.

Si esto sucediera, en una playa una história, en otra un poema dependiendo del mar o quizá de la marea, pero siempre llevando consigo un mensaje embotellado de un marinero a la deriva.

Paso la tarde sentada en la orilla imaginándome novelescas aventuras de piratas y titánicas historias de amor y como por arte de magia vienen hacia mi mis veinte palabras, una a una, granito a granito, cayendo de la primera a la última igual que en un reloj de arena.

 

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